BackMir y la magia de los MMORPG de navegador atrapan como hace veinte años

Belmont Valentine Café Dragón
Habitante de Kamurocho al servicio del oficial Bradford. Me muevo por casillas, me equipo materias según mi clase y en mi tiempo libre busco reliquias. Hice...

Hay algo extrañamente reconfortante en abrir una pestaña, hacer clic en un botón y encontrarse de golpe con la estética y el ritmo de los juegos online de principios de los dos mil. Lejos de los launchers interminables, las actualizaciones de cincuenta gigas y los requisitos desmedidos, propuestas como BackMir demuestran que la diversión clásica no necesita artificios modernos para enganchar desde el primer segundo.

Lo primero que llama la atención es lo limpio que resulta el acceso. Entras a la web, elegís entre guerrero, mago o taoísta y en cuestión de segundos ya estás moviendo el personaje por la pantalla con esa perspectiva isométrica y el sabor de los viejos tiempos. Todo ocurre ahí mismo, sin descargas previas ni instalaciones pesadas, recuperando esa inmediatez y simpleza que perdimos hace años.

Lo interesante de este tipo de proyectos independientes es cómo logran equilibrar la nostalgia con la comodidad actual. El juego cuenta con un sistema de guardado local en el navegador —con opciones para respaldar el progreso en la nube si decidís crear una cuenta—, lo que permite cerrar la pestaña sabiendo que tu personaje y las horas invertidas no se van a perder. Esto permite que simplemente o con Google o con un correo cualquiera tengas un respaldo para seguir con tu personaje desde cualquier lado.

Sentarse a farmear un rato, con esa hermosa estética retro, revisar si el botín que tiró un enemigo trae mejores afijos y organizar el inventario evoca exactamente esa sensación de estar en un cyber, rodeado de amigos, descubriendo secretos en foros o compartiendo datos de mapas oscuros. Es un juego para perderte de a ratitos y seguirlo cuando quieras recordando un poco lo viejos que somos, o viendo a lo que jugaban tus padres.

Es un recordatorio de que los sistemas profundos de grindeo, la gestión de pociones y el diseño clásico de clases siguen funcionando a la perfección cuando se ejecutan con cariño y respeto por la vieja escuela.

El juego en el que se basa todo es The Legend of Mir 2, desarrollado originalmente en Corea del Sur por la empresa WeMade Entertainment a finales de los años 90 y lanzado en 2001.

Sin embargo, donde el juego se convirtió en un verdadero fenómeno cultural y de masas fue en China. La distribuidora Shanda lo llevó al país asiático y se convirtió en uno de los MMORPG más masivos de la historia de Internet, llegando a tener cientos de millones de usuarios registrados. Durante más de dos décadas, Mir 2 fue el equivalente chino a lo que significó World of Warcraft o Mu Online en Occidente.

Con el paso de los años,  en la comunidad de fans asiática surgieron infinidad de servidores privados, remakes independientes y versiones alternativas para mantener vivo el juego.

BackMir nació precisamente dentro de esa comunidad como una reinvención/fan-game independiente creada en China. El objetivo del proyecto fue reestructurar el motor clásico de Legend of Mir 2 para llevarlo a los navegadores modernos (web) y adaptarlo a un formato más liviano, rápido e individual.

Para quienes extrañan la época dorada de los MMORPG de antaño o simplemente buscan un vicio directo y sin vueltas que funcione en cualquier ordenador o incluso desde el celular, darle una oportunidad a este proyecto es una excelente manera de apoyar a los desarrolladores y revivir viejas glorias. Pasate por su web, elegí tu clase y volvé a perderte en un mundo clásico sin instalar nada ni registros raros (aunque igual si deseas jugarlo offline también ofrece la opción).

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Habitante de Kamurocho al servicio del oficial Bradford. Me muevo por casillas, me equipo materias según mi clase y en mi tiempo libre busco reliquias. Hice 5 runs en Persona 5 y siempre terminé con Futaba.
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