Cuando se creía que el mundo del FPS no podía sorprendernos más a los jugadores y que, a su vez, ya no se podía innovar demasiado en él, llega Mouse: P.I. For Hire para dejarnos claro cuán equivocados estamos. Estamos hablando de un título indie que no solo superó expectativas, sino que establece una combinación de elementos que no se creían compatibles entre sí: un apartado artístico de caricatura de los tiempos de antaño con una historia cruda y un nivel de gore digno de los FPS de la era de DOOM.
Una mezcla que podría haber resultado fatal, pero que termina ofreciendo uno de los resultados más favorables que cualquier otra desarrolladora envidiaría.
Apartado gráfico: caricatura clásica en un mundo violento
Empezando por lo primero que llama la atención al hablar de este título: su apartado gráfico. Increíble, divertido y original podrían ser las palabras para describirlo. En todo momento estamos viendo personajes, objetos, escenarios y efectos hechos completamente a mano, algo que se aprecia y se valora.
- Apartado gráfico: caricatura clásica en un mundo violento
- Opciones técnicas: personalización con identidad
- Jugabilidad: clásico con dinamismo moderno
- Punto débil: variedad de enemigos
- Sonido y ambientación: un noir muy bien logrado
- Historia: clásica, pero funcional
- Referencias: un guiño constante a la cultura pop
Este gran esfuerzo da como resultado un estilo claramente inspirado en las caricaturas estadounidenses en blanco y negro de entre 1928 y 1939. Los personajes se estiran, se expanden, tienen expresiones exageradas y en ningún momento están totalmente quietos, tal cual como en las caricaturas de esos tiempos.
La mayor parte del tiempo, Pepper (nuestro protagonista) se la pasa reventando a policías corruptos, con la aparición ocasional de algún miembro de una secta. El juego funciona bien como un shooter que busca recuperar el espíritu de la vieja escuela, aunque no alcanza el ritmo ni la fluidez de títulos como Quake o Doom, ni tampoco de propuestas más actuales como Dusk o Ultrakill.
Rara vez aparecen escenarios abiertos donde ese estilo más dinámico podría lucirse, ya que los enfrentamientos suelen darse en espacios bastante cerrados.
A su vez, y aunque cueste creerlo, encajan perfectamente en el mundo 3D en el que se nos introduce. Eso sí, una vez que usamos el arma, ese apartado tan entrañable se hace a un lado para mostrar el gore presente en el juego, el cual, nuevamente, encaja de forma perfecta sin dar lugar a queja alguna.
Opciones técnicas: personalización con identidad
Para reforzar lo anterior, es necesario hablar del apartado técnico. Los desarrolladores se las han ingeniado para utilizar configuraciones gráficas que permiten al jugador ajustar la experiencia a su gusto.
Desde aumentar el granulado y bajar el postprocesado para hacerlo ver más como las primeras animaciones estadounidenses —como Steamboat Willie— hasta disfrutarlo en alta calidad, sin difuminados ni exceso de grano.

El resultado puede sentirse como ver un capítulo de Betty Boop en alta definición.
Jugabilidad: clásico con dinamismo moderno
Pasando a términos jugables, tenemos el más puro estilo de los FPS clásicos, pero con las ventajas del gaming actual. El arsenal es bastante modesto, pero da al jugador la satisfacción de decidir cómo acabar con sus enemigos, además de contar con ataques secundarios en cada arma.

A esto se suman mecánicas como el doble salto —que en más de una ocasión saca de apuros— y un dash que permite reposicionarse y avanzar con mayor fluidez.
Pero no termina ahí: para evitar que el combate se vuelva repetitivo, el entorno también forma parte del enfrentamiento. Esto hace que el juego no sea solo disparar y avanzar, sino también pensar estratégicamente, ser creativo y aprovechar el entorno para obtener ventaja.
Punto débil: variedad de enemigos
Un punto negativo con el que seguramente muchos jugadores se toparán es la poca variedad de enemigos.
Más allá de los jefes —que son una locura totalmente disfrutable— los enemigos comunes tienden a repetirse, variando únicamente en apariencia. Esto provoca que la tensión disminuya con el tiempo, algo que se ve reforzado por una IA bastante limitada , donde los enemigos suelen comportarse como simples esponjas de balas.
Sonido y ambientación: un noir muy bien logrado
Hay algo que no se puede dejar de lado: su glorioso soundtrack. La música acompaña a Jack durante todas sus aventuras con un estilo big band y jazz propio de los años 30.
Los sonidos de golpes, disparos y efectos en general se sienten inmersivos y logran reforzar la ambientación, haciéndola memorable. No solo parece que estás viendo un capítulo de un cartoon noir, sino que realmente te sientes dentro de él, encarnando al detective.
Historia: clásica, pero funcional
Por otro lado, y como esa cereza del pastel que pudo haber dado mucho más, tenemos la historia. Sin entrar en spoilers, es probablemente el apartado con menor impacto, aunque no por ello menos interesante.
Se trata de una historia típica del género noir: un detective que comienza con un caso cotidiano, pero que al profundizar se ve envuelto en algo más grande. Interesante, sí, pero no particularmente novedoso.
Es inevitable compararlo con Call of Cthulhu, donde una premisa similar evoluciona hacia algo que rompe con la lógica del mundo y se centra en el horror psicológico. En Mouse, en cambio, la historia se mantiene más dentro del rol detectivesco.
Aun así, esto no significa que no sea disfrutable. Es una historia que cumple con lo esperado dentro del género, pero llevada a un entorno animado y de videojuego que mantiene el interés y motiva a seguir avanzando para descubrir el siguiente paso de Jack.
Referencias: un guiño constante a la cultura pop
Otro punto fuerte del juego —presente desde el inicio— son las constantes referencias a otras obras. No solo al mundo del gaming, sino también al cine, la animación y la televisión clásica.
En cierto momento, nuestro detective ingresa a una estación de policía donde se puede ver una bienvenida dirigida a alguien llamado Leon, en clara referencia a la saga Resident Evil.
En cuanto a la animación, el juego apela directamente a la nostalgia: por ejemplo, al ingerir espinacas, el detective se vuelve más musculoso, al estilo de Popeye.
Y así, el juego está constantemente lanzando guiños tanto a las caricaturas de los años 30 como al gaming actual, haciendo que la experiencia sea aún más disfrutable para quienes reconocen estas referencias.




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